En Bolivia, los falsos mareros, pandilleros callejeros, hombres y mujeres se convierten en presa fácil de la delincuencia organizada ante la ausencia de legislación.

Bolivia no es la excepción a al hora de hablar de violencia juvenil. Las falsas maras, son grupos de pandilleros callejeros cada vez más jóvenes cooptados por cabecillas que pretenden eludir la legislación penal y utilizan a los niños para cometer delitos de toda índole bajo amenaza al principio y voluntariamente después.

El pandillaje callejero se expande por Sudamérica, la anomia juvenil es cada vez más manifiesta ante la ausencia de leyes que puedan regular esta inconducta social.

Se ha percibido cierta resignación al admitir su presencia y la ausencia de soluciones, lo cual es inadmisible para quienes creemos en la reinserción y en el apoyo oportuno y preciso. Todos los gobiernos tienen la obligación de tomar las previsiones correspondientes dentro de sus agendas de trabajo y respectivos planes de gobierno. Una de las prioridades de todo Estado democrático es la estructuración de políticas de Estado claramente definidas para elaborar los Planes de Prevención y Alerta Temprana.

En Bolivia el estado es incipiente, ni siquiera embrionario de las temibles maras provenientes de algunos países centroamericanos.

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En Bolivia, los falsos mareros, pandilleros callejeros, hombres y mujeres se convierten en presa fácil de la delincuencia organizada ante la ausencia de legislación.

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