Serpientes de plata (Potosí - Bolivia)

Por : Antonio Capel Riera

-La montaña se asemeja a un cono perfecto –dijo el capitán Diego de Centeno-. Sólo hay un problema.

-¿Cuál? –preguntó con ambición el también capitán Juan de Villarroel, mirando al cerro.

-Está a más de 4.000 metros de altura, es una zona desolada y fría, y no vive nadie – dramatizó Diego de Centeno.

-Pero en cuanto se enteren de que hay plata en abundancia, se convertirá en un hervidero –argumentó el capitán Villarroel.

Y no se equivocó.

En menos de dos años, la colonia de 170 españoles albergaba más de 14.000 personas, y en pocos años el censo llegó a los 160.000 habitantes. Se produjo una intensa vida social y económica. Florecieron los negocios, construyeron casas lujosas, fiestas esplendorosas, etc.… Potosí se convirtió en un enjambre humano. Una Babilonia.

Pero la riqueza y el esplendor también atrajeron la miseria y la violencia. Las mujeres de los conquistadores vestían sedas chinas rematadas con encajes de oro y plata. Las casas se adornaban con alfombras persas, mobiliario flamenco, pinturas de maestros andaluces y cristal veneciano.

El vino corría a raudales en las pantagruélicas fiestas que organizaban los españoles. Y también la sangre, como resultado de infidelidades y a la mala bebida.

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Serpientes de plata (Potosí - Bolivia)

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