¡Maldita Inquisición! ¡Maldito Fray!

Fray Diego de Landa, subido en una gran piedra maya llena de jeroglíficos, se dirigió encolerizado a los españoles que había mandado citar:-¡Oídme con atención! –dijo gritando-. A estos indios les hallamos gran número de libros con letras y figuras extrañas, que son supersticiones y falsedades del demonio, y se las hemos quemado.Algunos de los colonizadores presentes apenas le hacían caso, estaban más preocupados en desmontar la selva para sembrar; y preferían que sus indios estuviesen trabajando en sus tierras quitando hierbas que oyendo la palabra de Dios.Este hecho enfureció más al fraile Landa.-¡Traedme a Pencuyut y a Tekit! –ordenó.Y delante de todos, sacó una espada toledana y les arrancó una oreja a cada uno de los caciques mayas.Francisco Montejo y Juan Pech, conquistadores veteranos, protestaron por el abuso.-¡Se lo merecen! –exclamó Fray Landa-. Les he dado con su propia medicina, son sanguinarios.Los conquistadores volvieron a desaprobar tal acción. Entonces Fray Landa decidió escarmentarlos ordenando cinco azotes a cada uno.-Os estáis pasando- dijo uno de los colonos-. Me quejaré a la Corona.

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