La enigmática Cueva del Diablo.
Por: Antonio Capel Riera
-¡Os lo juro por mis muertos y por la Virgen de la Macarena! –decía el soldado andaluz espantado-. ¡Lo vi con mis propios ojos!
Todos rieron, nadie le creía.
El soldado español tenía fama de borrachín, nadie le tomaba en serio. Siempre llevaba la bota de vino colgada al cuello.
-¿Y dices que se juntaron los cerros de piedra? –preguntó un soldado castellano, entre risas.